El que me conoce sabe que llevo muuuuuucho tiempo esperando el lanzamiento del nuevo y genuino iPad 2. El que me conoce sabe lo muuuuuuucho que adoro a Steve Jobs, no sólo por la capacidad de de creación y gestión de la mayor compañía de nuevas tecnología de la historia sino por su forma de pensar. He leído libros a cerca de él, le leído artículos sobre su historia, sobre sus más determinantes decisiones, he visto documentales etc.. Pero he de reconocer que cuando el pasado día 2 le vi presentando el iPad 2, tuve una sensación un tanto agridulce.

Soy de esos a los que les apasiona un nuevo producto de estas características y para ser sincero, estoy en esa famosa “lista de espera” para que cuando lleguen los primeros a mi cuidad, adquirirlo sin más. Por eso asistí atónito a la videoconferencia que Apple ofreció en directo a través de un canal de internet a la presentación de la tableta más impactante hasta el momento. Por eso mi sensación de alegría y de intriga, se ensombreció al ver a un Jobs más desmejorado que nunca. Sentí algo de pena al verle andando por el escenario, cual hada madrina con una varita mágica cuadrada sobre sus débiles y blanquecinas manos. Sentí que el co-fundador de la manzana les pidió a su junta directiva “Ey chicos, me gustaría presentarlo a mi, no se si voy a poder hacerlo con el siguiente producto por eso dejadme hacerlo…”, imagino esas miradas entre el equipo ejecutivo y agachando los párpados dijeron, “Por Dios Steve, tú eres el más grande! Para nosotros es un honor y orgullo que seas la persona que muestres al mundo nuestra nueva y revolucionaria creación..”

Debo admitir que en cierto modo me alegré, me gustó ver al bueno de Jobs sobre ese tapiz negro vestido con su atuendo más universal. Zapatillas de atletismo Nike, tejanos Levi’s y un suéter negro con cuello vuelto al más puro estilo Silicon Valley. Se le veía feliz, sonriente y orgulloso presentando su enésimo producto sabedor de la revolución que ese “chisme” cuadrado va a causar en nuestra sociedad en esta década, pero realmente se le veía delgado, con la tez blanquecina de más y con unas arrugas delatadoras de la peor enfermedad del ser humano, el cáncer.

Como casi siempre Steve Jobs sigue sorprendiendo al mundo. Como casi siempre desde un punto humilde y a la vez innovador. Quizá quiso mostrarnos que Apple es su vida, su forma de tirar para adelante con su cruel enfermedad y por eso quizás y sólo quizás, quiso ser él el amo de la fiesta.. Los más de 10.000 afortunados que presenciaron el evento se levantaron sin más a ovacionar a este genio de la manzana mordida, pero estoy seguro que en todo el mundo hubo más gente como yo que cuando le vio aparecer soltó una de las sonrisas más sinceras y emocionantes de los últimos tiempos.

Gracias Steve por ser así, por tu valentía y por demostrarnos que creer en algo de la manera que tu lo haces, te ha hecho lo grande que eres y serás de por vida.

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