Sólo en el supermercado gigante de merchandising de Augusta hay 170 empleados dispuestos a hacer feliz al más tibio de los consumistas. Imposible no picar. Por si te despistas, cada dos hoyos, estratégicamente colocados hay unos tenderetes con más productos. Cuentan por aquí que el presupuesto de la ciudad de Augusta está en función de lo que factura el Masters. Esto es una máquina de hacer dólares…

Te lo ponen fácil, todo hay que decirlo. Aquí la clásica excusita de los más agarraditos de ya-luego-si-eso-lo-compro-porque-no-voy-a-estar-todo-el-día-cargando-con-la-bolsita no funciona. El supermercado tiene una fantástica consigna para guardar tus compras. Sí, es gratuita.

Hay precios para todos los gustos. El clásico polo del Masters te sale por unos 50-60 dólares. Nada grave. El asunto se complica para los más vintage. Si la prenda es de Bobby Jones se va a los 300 dólares. No deja de ser irónico: haciéndose de oro a costa de un golfista que fue amateur.

El logo del Masters lo inunda todo. Buscas y rebuscas y no encuentras productos de Augusta. Sólo los jugadores tienen acceso a este merchandising. Por si había alguna duda, la maquinaria ya se ha puesto en marcha para traernos de vuelta también algo del mítico Augusta National. El sobrepeso de la maleta será inevitable.

En el Masters, contrariamente a lo que se pueda pensar, no te van clavando por las esquinas. Cerveza y hamburguesa, tres euros. Agradable.

Miguel ha jugado mejor que el lunes y eso que las banderitas las han puesto terroríficas. Lo del lunes era una broma comparado con esto. Los greenes también están rapiditos. “Pues el jueves, un pie más”, me cuenta Jiménez. Su pareja ha sido Soren Kjeldsen. Han ido relajados, riéndose. Miguel le ha hecho una broma a su caddie cuando se le ha caído el putter de la bolsa y los aficionados no paraban de reírse.

Augusta es un clásico. La tecnología parece que se quedó atascada en el año 67. Menos en lo referente al cuidado del campo. Debajo de los greenes hay unas máquinas que calientan y enfrían la superficie. Sí, como el suelo térmico de las casas, pero con briznitas de hierba.

También hemos estado viendo un rato a Álvaro Quirós, que jugó con Ogilvy. Un pequeño gesto del español provoca la admiración del público. Lo único que hizo fue sacar un hierro en el tee del hoyo 4 (par 3 de 220 metros). No lo había visto antes. Aquí todo el mundo juega madera. Tiró Quirós y se voló el green de largo. Ovación cerrada de toda la grada.

Por cierto, en ese mismo hoyo a Miguel se le ha roto la madera 3. Dos hoyos después se la traían en perfecto estado de revista. Así da gusto.

Y por la noche, cenita agradable. Kaymer y McIlroy fueron los invitados.

Pedro Fernández Espinosa
En colaboración con Ten-Golf.

Usamos cookies para mejorar la experiencia de usuario.    Más información
Privacidad