No sé cómo explicarlo. No encuentro adjetivos. Algunos se me viene, pero la verdad, son impropios. Aquel mítico ‘im-presionante’ de Jesulín o el ‘esto es… increíble’ de Bisbal no son suficientes para valorar lo que viví ayer en Augusta. Se quedan a la altura del betún. Gracias, Miguel. Gracias, gracias y mil gracias…

Por la mañana me coge Jiménez y me dice: “Pisha, tú quieres ser mi caddie en los Pares 3”. Tardé en responder más o menos lo que un mecánico de Alonso en sacar una tuerca. Jamás podré olvidarlo.

Lo admito. Mido 2,07 y mi gran preocupación en ese momento era si en Augusta habría un mono blanco de mi tamaño. Maldita la gracia que no pudiera salir por un detalle tan insignificante de logística. Pero nada. Aquí hay de todo. Me calcé el mono, me ajusté la gorra, me pinché el pin que te regalan y agarré unos cuantos lápices (sí chavales, creo que habrá para todos). Al tee del 1. Espectacular.

Lo que se ve por la tele es casi una mentira comparado con vivirlo en primera persona. Ves el campo en tres dimensiones y no tiene nada que ver. Te das cuenta de la grandiosidad de este recorrido.

El señor que anuncia a los jugadores en el tee del 1 es muy simpático. Tiene pinta de que ya estaba allí cuando Bobby Jones empezó a ir al colegio. Es una institución. Todo el mundo lo saluda. Nada más verme, se me acerca y me desvela un secreto: “creo que eres el caddie más alto de la historia del Masters”. (Jajajajaj) Toma ya.

El más alto y el más nervioso, pensé yo enseguida. No sabía muy bien qué hacer. Sí, esto de los Pares 3 es una fiesta, pero verte allí con Miguel, Choi y Goosen, que eran los compañeros, y 8.000 personas mirando y haciendo fotos impone lo suyo. Por cierto, Choi, muy divertido, Goosen, algo más paradito.

El momento estelar del recorrido llegó en el green del 4. Miguel hizo birdie y se puso a ¡¡bailar la lambada!! Qué crack. El público se venía abajo.

También yo tuve mi momento de gloria. Hice me primer birdie en Augusta. Tiene truco, pero lo hice. Miguel pegó un tirazo en el hoyo 9, la dejó a dos metros y me dijo que yo tirara el putt. Madre mía. ¡¡Vaya presión!! Entró y nos dimos un abrazo. Ojalá no sea mi último birdie en Augusta.

En el partido de delante iban tres sudafricanos: Els, Oosthuizen y Schwartzel. Hubo un momento de atasco y nos juntamos en un tee. Me acerqué a Els y le dije: “Ernie, estoy enamorado de tu swing”. Me respondió entre risas: “tú y todo el mundo”. Me miró de arriba abajo y me soltó: “con esa altura no hace falta que hagas el swing entero”. Efectivamente, no hace falta porque como no le doy a la bola… Carcajadas.

La experiencia ha sido increíble. Me he quedado con el pin y con la gorra. Intenté lo mismo con el mono, pero no hubo manera.

Anoche hubo barbacoa y hoy me voy a Augusta a las nueve de la mañana. Voy a coger sitio en el green del 4 (par 3). Me voy a sentar y veré pasar todos los partidos hasta que llegue Miguel.

Pedro Fernández Espinosa.
En colaboración con Ten-Golf.

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