Impresionante. Emocionante. Así fue la última vuelta de Miguel en Augusta. Qué maravilla. Hemos disfrutado como enanos. Y eso que empezó con sorpresa…

Por la mañana temprano, justo después de cruzarme el pueblo para tomarme mi café en el Starbucks (el del campo es ‘aguachirli’) Jiménez nos reúne a todos en la casa y nos suelta así, rápido, sin anestesia: “¿quién quiere llevar hoy mi bolsa?”. Perplejidad. ¿Cómo? “Sí, mi caddie se ha tenido que ir porque se han equivocado con el billete de vuelta y no lo puede cambiar. No tengo caddie”.

Sale elegido Pato por decisión popular. Francisco Martín, socio del club de golf de Las Gabias, en Granada. Jamás olvidará la experiencia, ni nosotros la imagen del gran Pato arrastrando la bolsa por las cuestas de Augusta, mientras el caddie de Ikeda la llevaba como si fuera una pluma. Se me acerca en el hoyo 9 y me dice: “tenías que haberla llevado tú porque eres más fuerte”. Dieciséis kilos pesa la bolsa de Miguel.

Pero Pato cumplió como un campeón. Hizo los 18 hoyos y acompañó a Jiménez en la mejor vuelta de su vida en Augusta. ¡Enhorabuena a los dos!

Cuando llegaron al 18 Pato estaba ‘reventaíto’ y rojo como un tomate. Lo relevé. Agarré la bolsa y la llevé yo a la casa club. De camino, Miguel no hacía más que repetir a todo aquel con el que se cruzaba “see you next year”, “see you next year”, con una sonrisa de oreja a oreja. Su puesto decimosegundo le garantiza su presencia en Augusta en 2011. Óle. Un fuera de serie.

Entramos en el vestuario. Increíble. La taquilla de los jugadores es como mi armario de grande. Cabe de todo. Bolsa de palos, ropa, zapatos… Es la misma taquilla que usan los socios durante todo el año, pero con una placa, grabada con láser, que pone Miguel Ángel Jiménez. Bueno, sin las tildes…

Miguel me dice que me quede con él a comer en el club… Perfecto. Sólo se ven chaquetas verdes, como 50 ó 60. Son todos socios de Augusta. Aún no me creo que esté allí. Perdona, no recuerdo, ¿te he dado las gracias esta semana, Miguel? Pues eso, muchas gracias.

Ayer había más gente que ningún día en Augusta. El campo retumbaba con cada eagle, con cada birdie. A las siete y media de la mañana ya había cientos de sillas colocadas estratégicamente por el campo. Por cierto, no te las puedes traer de tu casa. Las sillas tienes que comprarlas en Augusta, para no romper la estética. Tienen un hueco detrás para poner tu nombre. Alguna ponía Augusta Masters 1992. Vaya gozada. Hagan el cálculo. A 20 dólares la silla…  Ganó el favorito del público: Phil Mickelson.

Jiménez estaba exultante. Ha roto moldes en la vuelta. No ha sido la mejor del día por poco. Watney y Kim hicieron 65. Se queda sin su premio, creo que unas copas, me comentó Miguel. Lo que sí le va a llegar a casa es una placa de cristal con su nombre grabado por el eagle que hizo en el 15. Buen ritual. Nosotros lo celebramos en un restaurante jamaicano que eligió Jiménez. Invitó. Grande.

Yo tampoco me voy de vacío. Miguel me ha regalado la funda de piel donde guardan la libreta del campo. Es del Masters y tiene el nombre de Jiménez grabado. Impresionante. Impagable. La llevaré conmigo siempre que juegue.

Volvemos hoy a las cinco y media de la tarde. Aterrizamos en Madrid mañana por la mañana. En la maleta un montón de recuerdos, de historias, de anécdotas… ¡Ah! Y un Ipad, por supuesto..

Pedro Fernández Espinosa.
En colaboración con Ten-Golf.

 

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