Hace un par de semanas tuvimos la oportunidad de ver algo alucinante en el mundo del deporte, algo que a veces se da y para nada es anormal. Durante muchos años de mi vida tuve la oportunidad de ver, y por desgracias en algunas ocasiones sufrir en mis propias carnes,  una derrota cuando ya saboreaba la victoria. Hay ocasiones en las que puede ser el miedo a la victoria, el no dominarse a si mismo y por supuesto, el perder el ritmo cuando uno está haciendo las cosas tan bien, pero…. ¿Qué es lo que ocurre en nuestra cabeza cuando sucede algo así? ¿Por qué se nos bloquea el cuerpo, la mente y hasta parece que se nos olvida hacer el swing?

Yo hoy quiero hablar de lo contrario. Me refiero a lo que fue capaz de hacer Keegan Bradley. Algo asombroso cuando ya todo el mundo le daba por ‘muerto’. Los comentaristas de televisión, el público allí presente, su compañero de partida y el mayor damnificado en este caso, Jason Dufner. Todos, menos él mismo. A priori parecía poco probable que un ‘Rookie’ como Bradley pudiera lograr una proeza de tal calibre, mucho menos cuando su experiencia en un ‘Grande’ como el PGA, era de tan sólo 54 hoyos. Incluido en la segunda partida estelar del último día como artista no invitado a la fiesta, salió a jugar un tanto nervioso, dando su primer golpe al ‘bunker’ del 1.

Llegando al hoyo 15, Bradley hace un ‘Triple Bogey’ yéndose al agua para ponerse al par del campo y a la postre, 3 por detrás del líder que entonces salía con un valioso ‘par’ del 14, afrontando el 15 con 3 golpes de ventaja sobre un joven hundido.. Pero, ¿Qué pasó entonces? ¿Qué debió pensar Keegan Bradley cuando a 3 hoyos del final, se vio con una desventaja casi insalvable?

La verdad es que nunca sabremos lo que realmente pudo pensar el jóven ganador del PGA, aunque por cómo pudimos ver su cara en cada golpe, en cada hoyo y en cada ‘putt’, imágino que la información que debía ir metiendo en su cerebro debía ser SÓLO positiva.

Bradley nunca arrojó la toalla. Lo primero que hizo fue sacarse de la cabeza el desastre que había cosechado a penas 3 minutos antes. Le vi sonreír con su caddie en el ‘tee’ del 16, algo que seguramente hizo para eliminar la tensión y como digo, olvidar por completo el pasado. Consiguió concentrarse aún más si cabía y dio un primer golpe espectacular al centro de la calle. En ese justo momento se escuchó un ‘Aahhggg’ del público, miró hacia atrás para observar que Dufner había cometido un ‘Bogey’ al 15. ¿Momento para soñar? Vamos!!

Cuando Dufner dio su golpe de salida en el 16, Bradley tiraba el ‘putt’ para ‘birdie’ y colocarse con -1 en el día. Lo metió! Dufner impasible como casi todo el torneo, ni pestañeó, pero volvió a hacer ‘Bogey’. De repente todo el mundo comenzó a ver un halo de esperanza para un Bradley inmenso en emociones, concentración y acierto. Para entonces, ya todos íbamos con él! ¿Nos había contagiado su entusiasmo? Seguro…!!

Misma historia en el 17, ‘Birdie’ de Bradley, ‘Bogey’ de Dufner.. Las espadas en todo lo alto y el ‘Rookie’ forzó el desempate. Una proeza al alcance de unos pocos a lo largo y ancho del planeta, y él lo hizo. Ya todos conocéis el desenlace de lo que pasó en desagradable ‘Play off’ pero me quedo con una cosa; La espectacularidad del control de emociones en las que trabajó Bradley en sus último hoyos y en los 3 de desempate. Enorme lección, derroche de energía y fuerza mental..

Para ser sincero, desde Michael Jordan no había visto algo igual y desde entonces, se ha ganado todo mi respeto, porque por encima de su victoria o de ganar a Jason Dufner, ganó al que en la mayoría de las ocasiones casi nunca ganamos: a uno mismo.

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